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ESCAPE #1 BRIAN DAVIS

El compendio que presentamos aquí condensa cinco años de escapismo. Cinco años de un proceso que fue transformándose y nos ayudó a expandirnos. Como un experimento colectivo, la expansión adquirió gradualmente distintas lecturas e interpretaciones, formas y dinámicas. De un ciclo de charlas a un sistema de trabajo e investigación. De un evento social a un replanteo del lenguaje. De una agenda de paisaje al paisaje como política. De la universidad al garaje.

Escape surgió desprolijamente en 2014, en las veredas del mítico Barrio Los Andes, con un espíritu adolescente y de garaje luego de que decidimos abandonar la universidad como profesores. Desde una pequeña cofradía hasta una agencia territorial, Escape fue marcando año tras año una agenda de diversos campos que iniciaron nuevas exploraciones hacia el paisaje y el territorio. Así, Escape empezó a reunir gente de universos distantes: ecólogos, economistas, ambientalistas, permacultores, arquitectos, biólogos, post-urbanistas y abogados. De esta manera, se consolidaron los episodios del territorio líquido, reserva, productivo y marino; reuniendo alrededor de veinte personas y organizaciones en un mismo espacio.

Al mismo tiempo que se desarrollaba Escape, Bulla incorporaba estas nuevas experiencias y las ponía a prueba en la práctica proyectual. La oficina expandía su órbita disciplinar y comenzaba a desarrollar proyectos en el territorio. Desde los equipos a los ejes conceptuales, sucedieron proyectos que exploraban nuevas lecturas a partir de diseñar la distancia desde donde y con quien lo abordamos.

Este año Escape atravesará el #elterritoriosocial.

Con el tiempo Escape se volvió un instrumento. Una suerte de agencia que vinculaba gente e invitaba a sus participantes a sumarse a proyectos de Bulla, para plantear nuevas asociaciones intelectuales de mayor complejidad.

De alguna forma pretendemos construir un lenguaje común a las disciplinas espaciales y ambientales. Un lenguaje que la especificidad de las disciplinas había dejado desactivado y hoy creemos pertinente volver a retomarlo, al igual que la posibilidad de conversar y pensar colectivamente. La mayoría de los escapistas creemos que el conocimiento debería ser un bien común, liberado y disponible, para mejorar los hábitats en los que vivimos.

Ignacio Fleurquin

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