En Casa Rivero, se diseñaron dos patios que operan como piezas fundamentales de la experiencia doméstica, en diálogo directo con la arquitectura proyectada por Grimaldi Nach.
La propuesta se concibe como un refugio de vegetación nativa: un sistema vivo que intensifica la relación entre el habitar y la naturaleza, potenciando sensaciones de intimidad y conexión ambiental. A través de la selección vegetal, las escalas y los recorridos, los patios introducen el paisaje en la vida cotidiana de la casa.
Vivir en contacto directo con la naturaleza no solo mejora la calidad de vida, sino que habilita nuevas experiencias sensibles, aprendizajes y formas de apropiación del espacio, donde el paisaje deja de ser fondo para convertirse en protagonista.