La intervención paisajística desarrollada por Bulla en Reserva Montoya parte del entendimiento profundo del territorio como un sistema vivo, dinámico y complejo. Proyectar en este contexto implica, como primer gesto, tomar distancia para ampliar la mirada: alejarnos del sitio puntual para comprender el paisaje en su totalidad, sus procesos ecológicos, sus escalas y sus relaciones. Esta lectura territorial inicial permite reconocer y poner en valor las distintas unidades de paisaje que estructuran Reserva Montoya: la pradera abierta, el pinar, el juncal asociado a los bordes húmedos y el eucalyptal como masa forestal consolidada.
El proyecto de paisaje se concibe como una sucesión de experiencias en la naturaleza, donde cada unidad de paisaje ofrece un carácter propio y una forma particular de habitar el territorio. La propuesta se apoya en una intervención botánica sutil y estratégica, construida a partir de una paleta vegetal acorde a la fisonomía, el suelo y las condiciones ambientales de cada ambiente. Esta estrategia permite reforzar identidades preexistentes, minimizar impactos y favorecer la adaptación y el bajo mantenimiento a largo plazo.
Desde una mirada ecológica, el proyecto integra el diseño de corredores biológicos que fortalecen la biodiversidad local y garantizan la continuidad de los flujos ecosistémicos existentes. Estos corredores no solo permiten el desplazamiento de fauna y la conectividad entre ambientes, sino que también contribuyen a la provisión de servicios ecosistémicos fundamentales, como la regulación hídrica, la mejora microclimática y la consolidación de bordes naturales.