Casa Bulla es la base de operaciones del estudio: una antigua casona ubicada entre Belgrano R y Villa Urquiza. Desde ahí trabaja Bulla, no como una oficina convencional, sino como un espacio híbrido donde proyecto, pensamiento y vida cotidiana se superponen.
La casa —una construcción preexistente, con capas de tiempo visibles— fue adaptada sin borrar su carácter. Los ambientes amplios, las circulaciones informales y la relación directa con el exterior configuran una forma de habitar el trabajo que dialoga con la manera en que el estudio entiende el paisaje: como un sistema vivo, en constante ajuste, donde lo nuevo no reemplaza lo anterior sino que se apoya en ello. Casa Bulla no se “termina”; evoluciona.

Los patios y espacios intermedios no funcionan como fondo escénico, sino como parte activa del estudio. Son lugares de reunión, de prueba, de descanso y de discusión. La vegetación crece, se poda, se observa; el clima entra, el barrio se escucha. La casa se convierte así en un laboratorio cotidiano donde las ideas sobre naturaleza, ciudad y territorio se ponen en juego a escala doméstica antes de proyectarse en masterplans, parques, barrios o paisajes productivos.
Trabajar desde una casa antigua en este sector de la ciudad no es una elección neutra. Su ubicación condensa una Buenos Aires de transición: ni centro ni periferia, ni completamente consolidada ni totalmente abierta al cambio. Esa condición intermedia es clave para el estudio, que opera permanentemente entre escalas, disciplinas y tiempos distintos: del objeto al territorio, del detalle botánico a la planificación estratégica, de la investigación a la obra.
Casa Bulla es también un espacio de encuentro. Allí se cruzan equipos diversos, colaboradores, clientes, estudiantes y colegas. Es sede del trabajo profesional, pero también del área de investigación y del laboratorio del estudio, donde se ensayan ideas, se producen contenidos y se construyen nuevas miradas sobre el paisaje contemporáneo.
Más que una oficina, Casa Bulla es una posición: una manera de trabajar anclada en la ciudad, atenta al contexto, abierta a la experimentación y profundamente ligada a la idea de que proyectar paisaje es, antes que nada, una forma de habitar el mundo.